Donceles 66

March 5, 2008

El lugar se abrirá próximamente como un espacio en el Centro Histórico para la literatura y los amantes de los libros, precisamente en esta calle que tiene tradición para los bibliófilos. Café, librería y biblioteca. Además se ofrecerán talleres, cursos y conferencias. Entre las ofertas más atractivas está El desafío editorial, una serie de mesas redondas: La sobreproducción editorial (22 de abril), La Ley del Precio Único (23 de abril) y Alto: ¡Piratas a la vista! La piratería (24 de abril).

Donceles 66

El viernes pasado en el cocktail del Encuentro del Medio Editorial.

de odres y vino

August 7, 2007

Reading is just as creative an activity as writing and most intellectual development depends upon new readings of old texts. I am all for putting new wine in old bottles, especially if the pressure of the new wine makes the bottles explode.

~Angela Carter, “Notes from the Front Line”

Angela Carter

La semana pasada vi en la calle un par de anuncios de la nueva novela de Héctor Aguilar Camín, La provincia perdida, y este fin de semana cuando compré otro libro en una librería, me obsequiaron un separador que le hace promoción.  Tanto los espectaculares como los separadores, afirman que es “una novela de guerra, una novela de amor” y agregan: “Primero fue Comala, después Macondo… ¿ahora será Malpaso?” ¿Por qué preguntar eso? ¿No es demasiada presunción? A mí me lo parece. No he leído el libro y no creo leerlo –por lo menos en un futuro próximo, pero creo que si bien no es imposible que la ficción nos regale un lugar tan memorable como Comala o la tierra de los Buendía, no será el autor ni la editorial quien lo decida o lo proponga, sino el tiempo y los lectores.

Héctor Aguilar Camî, La provincia perdida

Our own age is very quick to judge and even to prejudge, perhaps as part of a determined effort to make sure that art never opens its own mouth.
~Jeanette Winterson

literature

July 2, 2007

What literature can and should do
is change the people who teach the people who don’t read the books.

                                                       ~A. S. Byatt, in Newsweek 5 June 1995

Hoy inició Caza de Letras, el concurso literario de la revista de la UNAM Punto de Partida, que funcionará como un reality show, un ‘virtuality literario’: 12 escritores huéspedes y sus respectivos blogs, creación literaria, jurado, votaciones, nominaciones, expulsados, un ganador que se llevará 5o mil pesos…

La idea es interesante. Les seguiré la pista.

Sigo con el mismo tema porque después de todo, la culpa no es sólo de los estudiantes jóvenes. El asunto es complejo. Es un problema de formación.

La única manera de enseñar es con el ejemplo. ¿Qué tanto leen los maestros de secundaria o de preparatoria? Y en caso de que lean, ¿qué leen? ¿Qué tanto motivan a los jóvenes a leer?

Una de las cosas que nunca he entendido es por qué no se incluyen en los programas lecturas atractivas con las que los adolescentes se puedan identificar. Estoy de acuerdo, El periquillo sarniento es una obra importante, considerada la primera novela que se publicó en Latinoamérica, pero ¿en realidad tiene el poder de inspirar a los estudiantes de secundaria a convertirse en ávidos lectores?

El que mis alumnos no hayan podido elegir a un escritor no es más que una muestra de que lo que les han enseñado no ha sido significativo. De alguna manera se debe lograr que por lo menos conozcan nombres de varios autores, o que no duden de la nacionalidad de Shakespeare. Quienes están frente a un grupo o en contacto con los jóvenes, deben ser creativos y buscar diferentes caminos para acercarlos a la literatura. Claro que no todos van a caminar en la dirección propuesta, pero tal vez alguno sí. Y eso ya es un logro.

Por lo pronto, hoy decidí hacer un experimento. Por un lado, porque he pensado en todo esto y recordé la siguiente idea de Johnson, y por otro, porque el libro de Elena Garro que quería está agotado: mis alumnos de una clase de literatura podrán escoger el libro que quieran para la siguiente evaluación. A ver qué tal sale. Confío en que será un desorden enriquecedor.

 

A man ought to read just as inclination leads him; for what he reads as a task will do him little good.

SAMUEL JOHNSON 1709-84: James Boswell, Life of Johnson

 

En una clase de inglés, usando como pretexto el Día Internacional del Libro y la revisión de tiempos en pasado, dejé como tarea a un grupo de prepa que escribieran una biografía breve de su escritor favorito. Lo primero que me brincó fue que muchos no tienen un escritor favorito. No tenían idea de a quién podían escoger. Uno de ellos me pidió ayuda porque no sabía qué hacer. Cuando le pregunté que si tenía algún escritor favorito o que si había algún libro que le llamara la atención, me respondió que no. Dijo: “Yo no leo, prefiero chupar”. ¿Acaso una cosa excluye a la otra? ¿Es que se la pasa tomando las 24 horas del día todos los días sin hacer otra cosa? A esto también contestó que no y finalmente, recordó la existencia de Harry Potter y se resolvió el problema.

¿Cuántos escritores no han sido alcohólicos y han vivido como han querido sin importarles que se destrozaran el hígado? Poe, Faulkner, Hemingway, Fitzgerald, Truman Capote, Rubén Darío, Raymond Carver… y la lista sigue y sigue… Muchos escritores han estado unidos al alcohol, en varias ocasiones de manera trágica. Y qué bueno que no pensaron en no escribir porque preferían tomar.

Este incidente sumado a las últimas encuestas sobre los hábitos de lectura de los mexicanos –que no arrojaron nada nuevo– me causó una sensación de tristeza mezclada con coraje y desconcierto…

Cuando un par de días después les pedí sus biografías, ni siquiera me sorprendió que varios no las llevaran. Ante la contundente amenaza de puntos menos en su calificación, varios argumentaron que no era justo pues sí habían hecho la tarea pero la olvidaron en casa de una alumna ausente. La reacción evidenciaba la mentira, pero siguiendo el juego, les pregunté a qué escritor habían escogido. La única que contestó fue la afortunada a la que el nombre de Shakespeare se le vino rápido a la cabeza. Los demás fingieron demencia o dijeron no recordarlo porque los autores tenían nombres raros o largos o difíciles de pronunciar.

Pero no todo es tan malo. Una alumna escribió sobre Virginia Woolf desde el momento en el que dejé la tarea y me preguntó algunas cosas sobre ella así como dudas de vocabulario. Y cuando recibí una de Homero y de Rulfo, no pude sino pensar que las habían bajado de internet sin siquiera leerlas, quizá sólo porque alguna vez oyeron esos nombres. ¿Homero? ¿Podía ser el autor favorito de este alumno? Tratando de que cayera en la trampa, le pregunté por qué había escogido a Homero. Y su respuesta me levantó los ánimos. Primero me dijo que ya había leído La Iliada y La Odisea, que la primera le había costado más trabajo que la segunda, por lo que había disfrutado más las aventuras de Ulises. Él mismo confesó haber sugerido el nombre de Rulfo a su compañero, porque le gustó Pedro Páramo. Y como seguramente mi cara no pudo ocultar la sorpresa, agregó: “Sí, yo sé que es raro que alguien de 16 años lea en vez de estar pedo”.

El punto es que todo esto me hizo recordar que todo para existir necesita su contrario, por definición. Y afortunadamente, a pesar de que la idea de leer les parezca espantosa a algunos, siempre habrá quienes estén del otro lado.