ready to go anywhere

January 10, 2008

That’s how I feel: ready to go anywhere, ready to quit to unnecessary tedium, and welcoming changes & beginnings. And the most important thing, I’m determined to go into exile and devote myself to fairy tales and writing. The decision is made. Thanks Argel for your advice. I do believe this is the perfect time to do it.

And but for the sky there are no fences facin’.
~Bob Dylan, Mr. Tambourine Man

I’m also very grateful to Margarita for her wholehearted support and for walking along with me in this parade, and to Alexis for listening and for daily sharing a trip upon a magic swirling ship, which led us to the contemplation of a diamond sky being silhouetted by the sea and to a journey I trust to be endless. Thanks to the three of you.

Doubtlessly, things happen for a reason. Let’s see where I’m heading for…

Sí. Sigo con Joseph Cornell, porque esta caja es una de las que más me gustaron…

Cuando era niño, Cornell leyó muchísimos cuentos de hadas –de los Grimm, de Hans Christian Andersen y también los que recopiló Andrew Lang a finales del s. XIX, y éstos lo inspiraron cuando ya era adulto. Los menciona con frecuencia en las notas de su diario. Para él, cualquier escena podía convertirse en una escena de un cuento de hadas, incluso las más cotidianas. Asocia los cuentos de hadas con un resplandor que tiene el poder de transformar lo cotidiano en algo simbólico y mágico, que denominó el “eterniday”.

Para él, las mujeres jóvenes que lo inspiraban eran hadas o sílfides, y así representa, por ejemplo, a algunas bailarinas en sus collages, con detalles que evocan el mundo feérico.

Muchas de las cajas que creó durante los 40 y 50 muestran su obsesión con los cuentos de hadas. Setting for a Fairy Tale (1942) es una de ellas. Cornell –como en otras cajas– recortó cada una de las ventanas y pegó el castillo sobre un espejo. De esta manera, si nos asomamos al castillo, vemos fragmentos de nosotros mismos y entramos al escenario feérico al mismo tiempo que lo observamos desde afuera.

The mirrors both bring the castle into the present (Solomon suggests an affinity with the glimpses we catch of ourselves in city shops windows) and make the spectator part of its grand and glittering past. Cornell has recaptured the illusion of the classic fairy tale, bracketed in a timeless moment by the opening and closing ritual phrases (“Once upon a time . . . happily ever after) and yet drawing its present readers and hearers in. (118) 

~Elizabeth Wanning Harries, Twice Upon a Time

Setting for a Fairy Tale

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿No es una maravilla? 

Además, ¿cuántas veces no hemos experimentado el “eterniday” y nos hemos sentido en un cuento de hadas? ¿Quién no ha encontrado en el camino brujas y hadas madrinas?