causa perdida

January 31, 2008

Siento frustración y enojo ante la mediocridad y la estupidez. He tenido que calificar “ensayos” que parten de una lectura simplista. Tuve que escuchar que Fitzgerald es un mal narrador y que El gran Gatsby es plano y predecible. Un alumno me confesó con orgullo que aplica “la ley del mínimo esfuerzo” y que quería pasar sin haber entregado todo lo que debía…

No puedo evitar sentir coraje. Por eso y por otras cosas. Lo que es cierto es que después de lo que ha pasado en estos últimos tres días, lo único que me queda en la cabeza por el momento es que por más que me enoje, hay cosas que no van a desaparecer… Sin embargo, sí creo que hay una ley interior que no puede ceder y cambiar por quienes no valen la pena.

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En estos últimos tiempos mi vida gira en torno a deadlines. Apenas entrego algo, ya hay otra cosa que tengo que terminar y entregar. Ya sé que no es novedad. Así funciona la vida. Desde que estaba en la facultad tenía que programar las lecturas y las fechas de entrega de los ensayos. Y lo mismo pasa con las traducciones. Siempre hay algo que tiene que estar listo para cierta fecha. Pero de alguna manera lo que pasa ahora es distinto porque no depende sólo de mí y de mi planeación. Entran en juego la mala organización y la falta de interés de otros. Y me refiero al desinterés en relación a cosas que deberían importarles y ser prioridad pero que prefieren ignorar y pasar por alto en aras de los beneficios económicos y que después yo tengo que solucionar. Además, es muy injusto pensar en los alumnos sólo como cifras (aunque tristemente eso tampoco es novedad). Lo bueno es que existen personas sensatas y solidarias cerca, y que al parecer, lo principal ya quedó arreglado. Siempre es difícil darle gusto a todos, pero creo que hoy lo conseguí.

Una buena noticia:

 tickets   ¡ya están en mi poder!

y una canción antes de seguir trabajando para tener todo listo antes de mi próximo deadline, porque hoy me habría gustado tener una sierra para darle un sustito al menos a uno:

Estos últimos días, a ratos, me he puesto a coser. Y ha resultado una actividad muy terapéutica. Recuerdo que desde que era niña me gustaba mucho asomarme a la caja de hilos de mi mamá y a la colección de mi abuela. Creo que ese fue uno de los motivos por los que quise aprender a coser, ver tantos colores juntos. Sobre todo, me gustaba bordar flores. Aunque, aclaro, tampoco todos los días de mi niñez los entregué al bordado.

Y ahora he estado cosiendo más bien llevada por la necesidad, pero me gustó abrir de nuevo la caja de hilos y buscar el color para cada cosa. Siempre preferí la caja de hilos de mi mamá. Es una caja grande con hilos de todos colores, carretes grandes, chicos… de todos tamaños. No importa el color que necesite, ahí está. Y hasta hoy, no sólo se ha mantenido, sino que ha ido creciendo y de ella ha salido el material para hacer una serie de cosas, entre ellas, varios de mis collares.

Por otro lado, mañana regreso a los salones de clases –y a pesar del inminente regreso, a estas alturas mis horarios no se han definido… Lo único que no me gusta mucho es que mi hora de comer peligra y lo más probable es que se recorra hasta las seis de la tarde. Pero bueno, no quiero preocuparme hasta que todo sea oficial. Eso sí, mucha suerte a todos en este nuevo ciclo.

eventful day

June 29, 2007

Pasaron muchas cosas y, por fortuna, son más las buenas que las malas. Ya empiezan las vacaciones, mi trabajo recibió buenos comentarios, me llegaron unos papeles que esperaba y ahora sí, puedo hacer planes en firme, tengo tiempo para escribir y traducir, ir y venir, terminar mis pendientes…

Pero a pesar de que las buenas noticias opacan lo demás, me inquieta que me sugieran ignorar mis criterios de evaluación, sólo porque en el último minuto alguien decidió echar mano de argumentos supuestamente legítimos, insostenibles para mi gusto. El pagar una colegiatura no le da derecho a un alumno a escoger su calificación, ni obliga al maestro a disfrazar un desempeño mediocre. Por otro lado, es terrible enfrentarse con alguien que confunde un comentario con un insulto, o descubrir que te ven la cara para sacar provecho. Pero bueno, de todo hay en la viña del Señor, y yo confío mucho en la justicia kármica.

Y bueno, está la buenísima noticia de que CU es patrimonio cultural de la humanidad.

“Hace dos años, en julio de 2005, CU fue declarada monumento artístico de la nación. Con este nuevo nombramiento, el recinto arquitectónico mexicano se suma a las universidades de otras regiones del mundo que también son patrimonio cultural de la humanidad, como la de Alcalá de Henares, en España, y la Universidad Central de Venezuela.

La categoría alcanzada incluye el primer circuito universitario inaugurado en 1952 y sus más de cincuenta edificios dentro de una la zona central de 176.5 hectáreas, que significan 25 por ciento de las 730 totales del Campus Universitario. Esta área está delimitada hacia el Poniente por el Estadio Olímpico; al Sur por los frontones y la zona deportiva; al Oriente por la Facultad de Medicina, y al Norte por los edificios de las facultades de Filosofía y Letras, Derecho, Economía y Odontología.” [Leer completo]

En hora buena para la UNAM, y para quienes le tenemos un cariño entrañable. Aquí, un par de mis fotos favoritas de CU. El espejo y la Biblioteca Central, de noche.

Espejo de agua

Una de las cosas que más me gustaban de ir a la Facultad, y me sigue gustando aunque ya no vaya tan seguido, es salir en la noche y ver esto, más si son noches de luna llena:

Biblioteca Central

Sigo con el mismo tema porque después de todo, la culpa no es sólo de los estudiantes jóvenes. El asunto es complejo. Es un problema de formación.

La única manera de enseñar es con el ejemplo. ¿Qué tanto leen los maestros de secundaria o de preparatoria? Y en caso de que lean, ¿qué leen? ¿Qué tanto motivan a los jóvenes a leer?

Una de las cosas que nunca he entendido es por qué no se incluyen en los programas lecturas atractivas con las que los adolescentes se puedan identificar. Estoy de acuerdo, El periquillo sarniento es una obra importante, considerada la primera novela que se publicó en Latinoamérica, pero ¿en realidad tiene el poder de inspirar a los estudiantes de secundaria a convertirse en ávidos lectores?

El que mis alumnos no hayan podido elegir a un escritor no es más que una muestra de que lo que les han enseñado no ha sido significativo. De alguna manera se debe lograr que por lo menos conozcan nombres de varios autores, o que no duden de la nacionalidad de Shakespeare. Quienes están frente a un grupo o en contacto con los jóvenes, deben ser creativos y buscar diferentes caminos para acercarlos a la literatura. Claro que no todos van a caminar en la dirección propuesta, pero tal vez alguno sí. Y eso ya es un logro.

Por lo pronto, hoy decidí hacer un experimento. Por un lado, porque he pensado en todo esto y recordé la siguiente idea de Johnson, y por otro, porque el libro de Elena Garro que quería está agotado: mis alumnos de una clase de literatura podrán escoger el libro que quieran para la siguiente evaluación. A ver qué tal sale. Confío en que será un desorden enriquecedor.

 

A man ought to read just as inclination leads him; for what he reads as a task will do him little good.

SAMUEL JOHNSON 1709-84: James Boswell, Life of Johnson

 

En una clase de inglés, usando como pretexto el Día Internacional del Libro y la revisión de tiempos en pasado, dejé como tarea a un grupo de prepa que escribieran una biografía breve de su escritor favorito. Lo primero que me brincó fue que muchos no tienen un escritor favorito. No tenían idea de a quién podían escoger. Uno de ellos me pidió ayuda porque no sabía qué hacer. Cuando le pregunté que si tenía algún escritor favorito o que si había algún libro que le llamara la atención, me respondió que no. Dijo: “Yo no leo, prefiero chupar”. ¿Acaso una cosa excluye a la otra? ¿Es que se la pasa tomando las 24 horas del día todos los días sin hacer otra cosa? A esto también contestó que no y finalmente, recordó la existencia de Harry Potter y se resolvió el problema.

¿Cuántos escritores no han sido alcohólicos y han vivido como han querido sin importarles que se destrozaran el hígado? Poe, Faulkner, Hemingway, Fitzgerald, Truman Capote, Rubén Darío, Raymond Carver… y la lista sigue y sigue… Muchos escritores han estado unidos al alcohol, en varias ocasiones de manera trágica. Y qué bueno que no pensaron en no escribir porque preferían tomar.

Este incidente sumado a las últimas encuestas sobre los hábitos de lectura de los mexicanos –que no arrojaron nada nuevo– me causó una sensación de tristeza mezclada con coraje y desconcierto…

Cuando un par de días después les pedí sus biografías, ni siquiera me sorprendió que varios no las llevaran. Ante la contundente amenaza de puntos menos en su calificación, varios argumentaron que no era justo pues sí habían hecho la tarea pero la olvidaron en casa de una alumna ausente. La reacción evidenciaba la mentira, pero siguiendo el juego, les pregunté a qué escritor habían escogido. La única que contestó fue la afortunada a la que el nombre de Shakespeare se le vino rápido a la cabeza. Los demás fingieron demencia o dijeron no recordarlo porque los autores tenían nombres raros o largos o difíciles de pronunciar.

Pero no todo es tan malo. Una alumna escribió sobre Virginia Woolf desde el momento en el que dejé la tarea y me preguntó algunas cosas sobre ella así como dudas de vocabulario. Y cuando recibí una de Homero y de Rulfo, no pude sino pensar que las habían bajado de internet sin siquiera leerlas, quizá sólo porque alguna vez oyeron esos nombres. ¿Homero? ¿Podía ser el autor favorito de este alumno? Tratando de que cayera en la trampa, le pregunté por qué había escogido a Homero. Y su respuesta me levantó los ánimos. Primero me dijo que ya había leído La Iliada y La Odisea, que la primera le había costado más trabajo que la segunda, por lo que había disfrutado más las aventuras de Ulises. Él mismo confesó haber sugerido el nombre de Rulfo a su compañero, porque le gustó Pedro Páramo. Y como seguramente mi cara no pudo ocultar la sorpresa, agregó: “Sí, yo sé que es raro que alguien de 16 años lea en vez de estar pedo”.

El punto es que todo esto me hizo recordar que todo para existir necesita su contrario, por definición. Y afortunadamente, a pesar de que la idea de leer les parezca espantosa a algunos, siempre habrá quienes estén del otro lado.

Muy triste e impactante la noticia del tiroteo en Virginia Tech, considerada la mayor matanza estudiantil en la historia de Estados Unidos superando a la de Columbine. El número de muertos aumenta poco a poco. En este momento ya son 31 muertos y 29 heridos. En verdad es una pena que ocurra algo así, y más en un espacio como es una universidad.

Dice Henry Fielding en Amelia: “It hath been often said, that it is not death, but dying, which is terrible”. Y en estos casos, mucho más. La idea de estar tomando clase y que de pronto te metan un tiro, es espantosa.

Hoy tuve mi primer enfrentamiento con un alumno, o mejor dicho, con tres alumnas. Las típicas alumnas que están acostumbradas a brillar por su excelencia y a sacar puro 10, lo cual en sí no es malo. Siempre aplaudo las ganas de aprender y la inteligencia, y no sólo de mis alumnos. En momentos como éste, siempre recuerdo que Byatt dice que lo único que no soporta es la estupidez. Es cierto, es lo peor del mundo. Y se vuelve todavía más insoportable cuando está disfrazada de ‘inteligencia’, cuando el ‘saber’ no es más que una pose que adopta el que no ve más allá de su nariz. El origen del problema en realidad es intrascendente pero creció como una bola de nieve. No se presentaron a un examen y por lo tanto, perdieron un porcentaje de la calificación. Y para ellas es inconcebible no tener un 10, es una tragedia. Les cuesta aceptar que el asunto simplemente es consecuencia de una decisión que tomaron. Siempre es más fácil culpar a otros. Una de ellas no sólo terminó llorando, sino literalmente retorciéndose del coraje, apretando el puño con todas sus fuerzas, haciendo gala de una rabia incontenible. No sólo me molestó el chisme y la necedad, sino la soberbia. Desde un principio me han pedido firmeza cuando se trata de perjudicar a algún alumno por trabajo deficiente o impuntualidad. Bueno, seamos firmes.

Por otro lado, también me molesta ese afán de rendir tanto culto a la calificación. Aunque suena trillado, lo importante es aprender y crecer como persona. Lo que cuenta es el desempeño propio, sin buscar perjudicar a los demás pensando que así el avance que se logra es mayor.

El caso es que en verdad viví momentos de tensión. Después de su fracaso, sólo les quedó una actitud retadora. Y lo que está en juego ahora son las relaciones de poder. En fin, por un lado nunca se le puede dar gusto a todo el mundo y por otro, mi trabajo no consiste en alimentar egos.